Mirandés 0 – 1 Real Sociedad: La emoción nunca desaparece

Lo que está consiguiendo este torneo es difícil de superar. El ambiente en Anduva era como una oda al fútbol y a los grandes momentos que nos da. A las dos caras de la moneda que pueden cambiar de un segundo a otro. Esta noche vivimos todas las emociones en el Estadio Municipal de Anduva. Quién diría que, tras treinta y dos años, la Real Sociedad haría historia y se clasificaría para la gran final de la Copa del Rey. O, quién diría que un equipo tan humilde como el Mirandés conseguiría enamorar a todos los amantes de este deporte con su fútbol y lucharía por un puesto en la final. Al cumplirse los noventa minutos, hemos sabido dos cosas: la evidente, que la Real conseguía ser finalista gracias a la fuerza y el sentimiento que ponen los jugadores en cada partido, y que la afición de los rojillos siempre estará en el corazón de cualquier fanático. Un gran equipo que, tristemente, ha tenido que despedirse de una competición en la que ha sido capaz de eliminar al Celta, Sevilla y Villarreal. No es nada más que fútbol, pero el fútbol lo es todo.

Con miles de almas arropando a sus equipos, el partido empezó a ritmo lento. Los equipos parecían buscar ocasiones perfectas antes que jugársela. La emoción era el factor que sobresalía, pues el fútbol no era intenso ni espectacular. A medida que pasaban los minutos, la tensión aumentaba en Anduva. Los dos conjuntos luchaban por cada balón como si fuese su tesoro más preciado. La Real fue el primer equipo en huir de ese juego. Tuvo más garra y atacó más veces la portería de Limones. Poco a poco, fue su manera de imponerse ante un tanto desgastado pero guerrero Mirandés, y obtuvo la mejor recompensa al filo del descanso. Mikel Oyarzabal no falló desde los once metros y dio alas a su equipo. Podría decirse que la Real ya tenía un pie y medio en La Cartuja, por no decir los dos.

La segunda parte no tuvo demasiados momentos que destacar. Los fallidos intentos de los donostiarras dejaban sin aliento al Mirandés, que ponía esperanzas en darle la vuelta a la eliminatoria como si de un milagro se tratase. Le costaba responder, recomponerse y luchar como habíamos visto en más ocasiones durante los primeros cuarenta y cinco minutos. Los jugadores eran conscientes de que ahí terminaba su paso por la Copa del Rey. El sueño en el que a todos nos hicieron partícipes. Con el pitido final despertaron, en todo momento arropados por su afición, que nos encandiló de principio a fin. Justos semifinalistas del torneo, sin lugar a dudas.

Y justo finalista la Real Sociedad, que no deja de sorprender y hacer que este deporte sea más bonito. Un equipo que parece no existir para tantas personas ha vuelto a demostrar que es capaz de medirse ante monstruos y hacerse más grande. Treinta y dos años después, los donostiarras disfrutan de un merecido puesto en la final que puede devolver la felicidad a su afición. Nunca se rinden.

Fuente: Twitter oficial Real Sociedad

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